martes, 6 de junio de 2023

 

La dialéctica del amo y el esclavo.

 

(Una lectura del capítulo de la "autoconciencia" de la Fenomenología del espíritu de Hegel.  Y la interpretación que realiza Marx de tal pasaje origen de su pensamiento).


"Somos autoconciencia, el ser humano es autoconciencia. No somos sólo cogito ergo sum, es decir, pensamiento, pienso luego soy cartesiano. El ser humano es "yo soy", autoconciencia, y sólo puede serlo en relación con otra u otras autoconciencias; es en relación con otros seres humanos que se hace autoconciente. De ahí que antes de ser individual, el ser humano es un ente genérico. 
Sin embargo, esta aparición del ser humano en el mundo en relación con otros, es decir, como autoconciencia, toma la forma violenta de una lucha a muerte por el reconocimiento del o de los otros. Esto es lo que describe Hegel en el pasaje de la Fenomenología del Espíritu, de la Dialéctica del amo y el esclavo. -o señor-siervo-.

 En una lucha a muerte por el reconocimiento las dos autoconciencias se enfrentan con miras al reconocimiento del otro y vice versa, siendo la conciencia señorial aquella que ama más la libertad que la propia vida, "el amo", y al contrario, la conciencia servil, aquella que ama más la propia vida que la libertad. Es así como el amo somete al esclavo, y el esclavo sometido se apega a las cosas para servir al amo. Lo que Marx, más tarde diría de la fetichización o cosificación del hombre, el proletario en mercancía, objeto.
 Sin embargo, este esclavo sometido al amo, está en contacto con las cosas, se relaciona con ellas y transforma el mundo material mediante la acción, y de manera negativa, en este crear el mundo, se hace autoconciente, se hace humano. El amo en la soledad es servido y se desconecta de las cosas, y al estar solo, ya no es reconocido por nadie, por otro igual, deja de ser autoconciente. El esclavo, al transformar el mundo material, se reconoce a si mismo en su trabajo y en los otros, de este modo se hace autoconciente de que es esclavo, y además de su poder, pues es él quien es el que transforma lo real. Esta autoconcienacia de si y su poder, es lo que lo lleva a liberarse del amo, pero previamente, ha de mediar lucha. Esto es Hegel, no Marx.

De aquí viene Marx, de este pasaje el viene la noción de lucha de clases, el amo y el esclavo, y ve en el esclavo al proletariado, al sujeto histórico que puede cambiar la historia. Marx es un hegeliano y su filosofía no es una inversión del idealismo alemán, como los panfletos de la tercera internacional dicen, ni los escritos del bueno de Engels, al contrario, su filosofía misma es un instrumento de transformación en pos de la emancipación humana. Negar esto, es negar a Marx y su pensamiento. De ahí que la conciencia de clase en Marx sea tan importante y se relacione dialécticamente con la transformación de las infraestructuras económicas que condicionan lo real material. El materialismo marxista es sólo una crítica al idealismo alemán que solo, para él, interpreta el mundo y no lo transforma, critica que plantea en su onceaba tesis sobre Feuberbach. (Quizá el mayor aporte filosófico de Marx, donde une teoría y praxis). A la luz de este pasaje es que debe interpretarse la obra de Marx, como un pensamiento que busca el fin de la lucha de clases, o por otra faz, la emancipación humana.
 La autoconciencia, la conciencia de si, de clase, es la única arma que tienen los oprimidos para descubrir su propio poder y prepararse para la lucha en pos de su libertad. Si no hay conciencia no hay fuerza ni poder en el oprimido. Y no habiendo estas, no hay posibilidad alguna de ganar la lucha por la libertad contra el poder. El sistema creado por los que monopolizan el poder, cada vez es más eficiente en impedir o deslegitimar la formación de esta autoconciencia en las mayorías. Cada vez es más eficiente en alienar al oprimido. La primera batalla estriba en la conciencia y las razones, como único medio de acumulación de fuerzas, para poder siquiera poder aspirar a cambiar en algo las cosas, en lucha contra el sistema que solo busca desconcientizar y alienar al oprimido.


La autoconciencia y la libertad.

El hombre para ser verdaderamente hombre y saberse como tal, debe imponer la idea que tiene de si a los otros, haciéndose reconocer por estos. Más aún, debe transformar el mundo (natural y humano) donde no es reconocido en un mundo donde ese reconocimiento sea posible. Esa transformación del mundo hostil en un proyecto humano de un mundo que esté de acuerdo con ese proyecto, se llama acción. Esa acción -es esencialmente humana puesto que es humanizadora-. Sin embargo, la primera acción humana toma necesariamente la forma de una lucha, de una lucha a muerte entre dos seres que se pretenden hombres; de una lucha por puro prestigio con miras al reconocimiento del adversario que desea lo mismo para sí.

 La manifestación del individuo humano tomado en tanto que pura abstracción del ser-para-si (conciencia, vacío de ser, negación, lo que no es lo otro absolutamente, el yo), consiste en el hecho de mostrarse como siendo la negación pura de su modo de ser objetivo o cosificado. El ser para si o ser hombre significa no estar ligado a ninguna existencia determinada, significa no estar ligado a la vida.

 Cada uno de los dos hombres persigue la muerte del otro. Sin embargo en esa actividad del otro se encuentra también el segundo aspecto, la actividad para sí mismo: pues la actividad en cuestión, la de la lucha a muerte por el reconocimiento del otro, implica el riesgo de la propia vida de quien actúa. La relación de dos autoconciencias está pues determinada de tal modo que ellas se reconocen –cada una para sí y la una para la otra- por la lucha de vida o muerte.

 

 

La realidad humana no se crea, no se constituye si no en la lucha con miras al reconocimiento por el riesgo de la vida que ella involucra. La verdad del hombre presupone la lucha a muerte. Y es únicamente por el riesgo de la vida que se reconoce la libertad. (La conciencia señorial que ama más la libertad que la vida es la que pone en riesgo esa vida y en ello reconoce la libertad).

 

Bibliografía orientadora.

La fenomenología del espíritu de Hegel

La dialéctica del amo y el esclavo de Kojeve

El pensamiento alemán de Kant a Heidegger de Eusebi Colomer, Tomo II, “El idealismo alemán”.

 

 

 

miércoles, 14 de abril de 2021

 


Óyeme con los ojos,
Ya que están tan distantes los oídos,
Y de ausentes enojos
En ecos de mi pluma mis gemidos;
Y ya que a ti no llega mi voz ruda,
Óyeme sordo, pues me quejo muda.
-Sor Juana Inés de la Cruz.-


 


"En resolución, él se enfrascó tanto en su lectura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio; y así, del poco dormir y del mucho leer se le secó el cerebro de manera, que vino a perder el juicio. Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en libros, así de encantamientos como de pendencias, batallas, desafíos, heridas, requiebros, amores, tormentas y disparates imposibles; y asentósele de tal modo en la imaginación que era verdad, toda aquella máquina de aquellas soñadas invenciones que leía, que para él no había otra historia más cierta en el mundo."

"En efecto, rematado ya su juicio, vino a dar en el más extraño pensamiento que jamás dio loco en el mundo, y fue que le pareció convenible y necesario, así para el aumento de su honra, como para el servicio de su república, hacerse caballero andante, e irse por todo el mundo con sus armas y caballo a buscar las aventuras, y a ejercitarse en todo aquello que él había leído que los caballeros andantes se ejercitaban, deshaciendo todo género de agravio, y poniéndose en ocasiones y en peligros, donde acabándolos, cobrase eterno nombre y fama."

"Limpias pues, sus armas, hecho del morrión celada, puesto el nombre a su rocín, y confirmándose a si mismo, se dio a entender que no le faltaba otra cosa si no buscar una dama de quien enamorarse; porque el caballero andante sin amores era árbol sin hojas y sin fruto, y cuerpo sin alma."

El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha.


 


Estar a la altura del propio ser depende tanto del esfuerzo como de la buena fortuna. Ante la grandeza de espíritu hay que saber quebrar esa senda que separa la proyección de si del self. La praxis es eco del espíritu, nuestras acciones nos revelan la grandeza de si o nuestra pequeñez.


 


La relación del hombre con el lenguaje está estrechamente vinculada a la relación del hombre con las cosas, y en definitiva, con la relación con otros seres humanos y con el mundo.

“La idea del lenguaje como instrumento de información es hoy una cuestión de extremada urgencia. La relación del hombre con el lenguaje está experimentando una transformación cuyas consecuencias aún no estamos preparados para afrontar.

La evaluación de esta transformación no es perceptible inmediatamente.

Además, está sucediendo en el mayor de los silencios.

Ciertamente, debemos reconocer en el lenguaje cotidiano aparece como un medio de comunicación y como siendo utilizado para las relaciones cotidianas de la vida.

Ahora bien, hay otras relaciones además de las cotidianas. Goethe las llama relaciones profundas y dice del lenguaje: En la vida cotidiana nos conformamos con un uso precario del lenguaje… …por que solo nos referimos a las relaciones superficiales, pero en la medida de que se trata de relaciones profundas, interviene otro tipo de lenguaje, el poético”.

-Martín Heidegger-.


 



He soñado más de lo vivido
te he pensado tanto tanto...
que el espacio infinito de mi imaginación
se extingue lentamente con tu silencio
sin tus colores.


martes, 14 de mayo de 2019

La autoconciencia-la libertad.


El hombre para ser verdaderamente hombre y saberse como tal, debe imponer la idea que tiene de si a los otros, haciéndose reconocer por estos. Más aún, debe transformar el mundo (natural y humano) donde no es reconocido en un mundo donde ese reconocimiento sea posible. Esa transformación del mundo hostil en un proyecto humano de un mundo que esté de acuerdo con ese proyecto, se llama acción. Esa acción -es esencialmente humana puesto que es humanizadora-. Sin embargo, la primera acción humana toma necesariamente la forma de una lucha, de una lucha a muerte entre dos seres que se pretenden hombres; de una lucha por puro prestigio con miras al reconocimiento del adversario que desea lo mismo para sí.
La manifestación del individuo humano tomado en tanto que pura abstracción del ser-para-si (conciencia, vacío de ser, negación, lo que no es lo otro absolutamente, el yo), consiste en el hecho de mostrarse como siendo la negación pura de su modo de ser objetivo o cosificado. El ser para si o ser hombre significa no estar ligado a ninguna existencia determinada, significa no estar ligado a la vida.
Cada uno de los dos hombres persigue la muerte del otro. Sin embargo en esa actividad del otro se encuentra también el segundo aspecto, la actividad para sí mismo: pues la actividad en cuestión, la de la lucha a muerte por el reconocimiento del otro, implica el riesgo de la propia vida de quien actúa. La relación de dos autoconciencias está pues determinada de tal modo que ellas se reconocen –cada una para sí y la una para la otra- por la lucha de vida o muerte.
La realidad humana no se crea, no se constituye si no en la lucha con miras al reconocimiento por el riesgo de la vida que ella involucra. La verdad del hombre presupone la lucha a muerte. Y es únicamente por el riesgo de la vida que se reconoce la libertad.

domingo, 14 de octubre de 2018


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La autoconciencia-la libertad.
El hombre para ser verdaderamente hombre y saberse como tal, debe imponer la idea que tiene de si a los otros, haciéndose reconocer por estos. Más aún, debe transformar el mundo (natural y humano) donde no es reconocido en un mundo donde ese reconocimiento sea posible. Esa transformación del mundo hostil en un proyecto humano de un mundo que esté de acuerdo con ese proyecto, se llama acción. Esa acción -es esencialmente humana puesto que es humanizadora-. Sin embargo, la primera acción humana toma necesariamente la forma de una lucha, de una lucha a muerte entre dos seres que se pretenden hombres; de una lucha por puro prestigio con miras al reconocimiento del adversario que desea lo mismo para sí.
La manifestación del individuo humano tomado en tanto que pura abstracción del ser-para-si (conciencia, vacío de ser, negación, lo que no es lo otro absolutamente, el yo), consiste en el hecho de mostrarse como siendo la negación pura de su modo de ser objetivo o cosificado. El ser para si o ser hombre significa no estar ligado a ninguna existencia determinada, significa no estar ligado a la vida.
Cada uno de los dos hombres persigue la muerte del otro. Sin embargo en esa actividad del otro se encuentra también el segundo aspecto, la actividad para sí mismo: pues la actividad en cuestión, la de la lucha a muerte por el reconocimiento del otro, implica el riesgo de la propia vida de quien actúa. La relación de dos autoconciencias está pues determinada de tal modo que ellas se reconocen –cada una para sí y la una para la otra- por la lucha de vida o muerte.

La realidad humana no se crea, no se constituye si no en la lucha con miras al reconocimiento por el riesgo de la vida que ella involucra. La verdad del hombre presupone la lucha a muerte. Y es únicamente por el riesgo de la vida que se reconoce la libertad.

viernes, 2 de marzo de 2018





Todas las formas de la autoridad (humana) tienen en común que permiten ejercer una acción que no provoca reacción, porque quienes podrían reaccionar se abstienen consciente y voluntariamente de hacerlo.
-Kojeve-


"La valentía de la verdad, la fe en la potencia del espíritu es la primera condición del estudio filosófico. El hombre debe respetarse a si mismo y considerarse digno de lo más alto. Nunca podrá pensar bastante altamente de la grandeza y del poder del espíritu. La esencia cerrada del universo no alberga ninguna fuerza capaz de oponer resistencia al coraje del saber: no tiene más remedio que abrirse ante él, ponerse desnudo ante sus ojos y ofrecer a su disfrute toda la riqueza de su profundidad."

Hegel.

Conclusión de su lección inaugural en Berlin.